viernes, 8 de diciembre de 2017

NECESITAMOS A BRAD PITT


Hola Mundo.

Si esto fuese una novela, podría iniciar mi narración contándoles que Eneas, tras caer Troya en manos de los griegos, se hizo a la mar huyendo de Agamenón, y que en vez de arribar a tierras del Lacio italiano, fue víctima de una gran tempestad que empujó sus barcos hasta tierras desconocidas de la Península Ibérica. Una vez en tierra, el príncipe troyano prosiguió su largo y arriesgado viaje siguiendo la desembocadura de una rambla hasta llegar a un cerro montañoso rodeado de barrancos donde decidió asentarse y fundar una pequeña ciudad que hoy denominamos La Troya de Occidente. Y ante el temor a ser perseguidos por un Agamenón sediento de venganza, ordenó construir una gran muralla en el único flanco por el que era accesible el poblado. Si esto fuese una novela, éste sería el embrión de una buena historia, pero la historia que quiero contarles, en realidad, es otra más mundana. Tan mundana, que el gobierno regional acaba de añadir a su colección otra plataforma ciudadana crítica con su gestión: la plataforma en defensa del yacimiento de La Bastida que igual tiene que invitar a Brad Pitt para que se dé un garbeo por el yacimiento, a ser posible, vestido de Aquiles para que los ignorantes abran los ojos. Igual así consiguen que los actuales responsables de la Consejería de Cultura visiten y conozcan un yacimiento que está considerado uno de los más importantes de la Edad de Bronce en Europa.


En 2008 un grupo de entusiastas arqueólogos del departamento de prehistoria de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) dirigidos por Vicente Lull arribaron por tierras murcianas para desentrañar los secretos de un yacimiento que había permanecido casi olvidado los últimos 150 años en un cerro de la sierra de La Tercia y que hallaron lleno de matas y basura. El entonces consejero de Cultura, Pedro Alberto Cruz, se percató de su potencial y no dudó en concederles una subvención directa de casi 1,2 millones de euros repartidos en cuatro anualidades, para la excavación, consolidación, investigación y puesta en valor del yacimiento porque, según el Decreto, era necesario que lo hiciera el equipo de la Universidad de Barcelona que venía desarrollando desde hace más de dos décadas el proyecto puntero a nivel nacional en materia de investigación de la Edad del Bronce en el sureste de la Península Ibérica.

Pedro Alberto Cruz acertó de lleno. La repercusión de los descubrimientos cruzó fronteras e hizo que Totana se convirtiera en sinónimo de tesoro cultural. Los hallazgos asombraron al mundo científico no solo por haber encontrado el mayor depósito de agua de la prehistoria europea, sino un sistema de fortificación único y monumental. La muralla prehistórica de La Bastida ha dejado sin palabras a los arqueólogos de medio mundo por sus características arquitectónicas y el conocimiento de ingeniería que muestra. Hay dos líneas de muralla, la exterior tiene torres fortificadas macizas que suponen una defensa inexpugnable para la época. Se trata por tanto de un sistema defensivo especializado del que no hay nada parecido hasta las costas orientales del Mediterráneo. Es decir, para encontrar una muralla parecida hay que viajar hasta las ciudades de Troya o Teldán en Israel donde las civilizaciones locales llevaban siglos de guerra sofisticada. Las dataciones de carbono 14 más antiguas de La Bastida son de la muralla e indican que es de hace 4.200 años; lo que nos cuenta que sus habitantes preferían dormir en chozas a dejar desprotegido el poblado, e invirtieron una cantidad ingente de recursos en construir una gran muralla que es única en Europa y que en el último año, lamentablemente, ha sufrido desprendimientos por dejación de la administración regional que es responsable del BIC.

En 2013, la consejería de Cultura volvió a conceder otra subvención directa de 120.000 euros a la Universidad Autónoma de Barcelona dado que “el proyecto La Bastida había dejado de ser un yacimiento arqueológico particularmente prometedor para convertirse en un activo de excepcional relevancia en los terrenos científico, educativo, cultural y turístico”. Y alegó “razones de interés público, social y cultural” para colaborar directamente en la financiación de esas actuaciones que realizaron los arqueólogos de Barcelona (la universidad lleva invertidos dos millones de euros en La Bastida) previa autorización del Ayuntamiento de Totana, propietario de los terrenos.

Todo iba bien hasta comienzos 2014. Desde entonces, pese al gran potencial del yacimiento, no se han realizado nuevas excavaciones hasta el punto que los arqueólogos de Barcelona han advertido de que se marcharán a principios del año que viene. La administración regional justifica su desinterés alegando “dificultades presupuestarias” pese a que los investigadores llevan cuatro años alertando de que era necesario intervenir con urgencia ante el riesgo cierto de que un episodio de lluvias torrenciales causara daños irreversibles en la muralla prehistórica.

No ha sido hasta noviembre de 2017 que la consejería de Cultura, al ver que se habían producido desprendimientos en la muralla, ha decidido transferir al ayuntamiento de Totana 60.000 euros para que por la vía de urgencia contrate, sin concurso ni licitación, nuevos trabajos de consolidación con una de las diez empresas que el jefe de servicio de Patrimonio Histórico, Miguel San Nicolás, considera idóneas para esos trabajos, aunque previamente había dicho a los responsables del equipo de arqueólogos que “la Universidad Autónoma de Barcelona era la más adecuada para realizar una obra tan delicada y especializada”.

La empresa contratada es Restauralia Carthago SL, que sabe reparar capillas de iglesias como ha demostrado en Lorca, pero nunca ha trabajado con restos prehistóricos de esa magnitud. Puede que sea por su falta de experiencia por lo que estén consolidando echando tierra y tapando; que es el remedio más rápido para que no se deteriore y así no tener que tocar nada de la muralla, cuando según los investigadores habría que excavar para poder plantear los drenajes y después restaurar y consolidar con materiales duraderos.

A los arqueólogos les parece “una temeridad” lo que están haciendo con la muralla prehistórica y cruzan los dedos para que, por el bien de todos, la empresa sepa lo que hace. A priori, lo consideran una pérdida de dinero si realmente se quiere seguir excavando y poniendo en valor el yacimiento argárico de La Bastida.

El consejero de Cultura Javier Celdrán, que asegura que no existe ningún tipo de animadversión hacia los arqueólogos de Barcelona, ha anunciado que el año que viene habrá una partida de un millón de euros para apoyar programas de actuación arqueológica y paleontológica que puedan promover los investigadores con experiencia acreditada y que “se convocarán subvenciones en concurrencia competitiva para las intervenciones a realizar durante 2018”. Cualquier entidad sin ánimo de lucro (eso incluye universidades) podrá acceder a estas subvenciones y entre los criterios para optar está: el interés científico del proyecto; que se pretenda completar actuaciones ya iniciadas, dándose prioridad a las mismas frente a las que pretendan la apertura de nuevos yacimientos; la experiencia del equipo investigador y la participación de otras instituciones en la financiación de la actuación. A priori, el equipo de prehistoria de la Universidad Autónoma de Barcelona no debería tener ningún problema para acceder a una subvención y seguir excavando en La Bastida, aunque desde la consejería de Cultura consideran mucho más importante consolidar, poner en valor, musealizar y hacer visitable el enclave arqueológico pese a que las excavaciones llevan paralizadas cuatro largos años.

Entender el valor de un trabajo arqueológico requiere de un gran esfuerzo cultural por parte de quien lo observa y en la región de Murcia no nos esforzamos mucho en cultura, la verdad. Un ejemplo: el ex alcalde de Totana y actual primer teniente de alcalde, Juan José Cánovas, de IU, en vez de valorar el yacimiento de La Bastida como un regalo para su municipio, como lo ha sido el teatro romano para Cartagena, se dedica a quejarse en redes sociales de que tiene que “soportar” el coste de la vigilancia y el pago de la electricidad de las instalaciones anejas, demostrando con ello una cortedad de miras realmente preocupante y sintomática del nivel político que padecemos en la región de Murcia. ¡Oiga! Que según datos del ministerio, 14 millones de viajes realizados por los residentes en España en 2016 por ocio, recreo o vacaciones fueron iniciados principalmente por motivos culturales.

¿De dónde provienen los primeros habitantes de La Bastida? ¿Vienen, como sospechan los científicos, del sur de la actual Rusia? ¿Pueden tener la clave del origen genético de los europeos? ¿Qué hizo que se asentaran en un lugar tan alejado de las tierras de cultivo y el agua? ¿Por qué eligen el cerro de una sierra rodeado por barrancos y construyen una muralla de 375 metros de largo y hasta seis metros de alto? ¿A quiénes temían tanto para construir una muralla de tales características? ¿Qué hay enterrado en la cima de ese cerro? ¿La muralla tuvo foso, lo que supondría un adelanto poliórcetico de gran relevancia? Las respuestas están ahí, solo hay que desenterrarlas. No cometamos nuevamente el error en la región de Murcia de dar la espalda a nuestro pasado frenando la excavación de un yacimiento que entierra tanto conocimiento. Como ha dicho el catedrático de prehistoria, Rafael Micó, “si no se sigue excavando y no se avanza en el conocimiento, los contenidos se fosilizan, banalizan y pierden valor”. Hagamos que la región de Murcia se convierta en lugar de referencia de la prehistoria europea capaz de seguir asombrando al mundo con sus descubrimientos en lo que ya conocen como La Troya de Occidente.

CUÑA LETIZIA: Con motivo de la visita de los Reyes a Caravaca de la Cruz y por orden de la Casa Real, hubo que retirar todo el chinarro que hay en la explanada delantera de la basílica porque la Reina Letizia suele llevar tacones de aguja y combinan muy mal con el chinarrrillo dado que tuvo que hacer un tramo del recorrido a pie. Una frivolidad real que habrá costado dinero. Por eso el suelo de la explanada lució de tierra perfectamente compactada y regada. Lo lógico es que vuelvan a echar chinarrillo para evitar que se forme un barrizal. Caprichos reales.